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Al final, el techo acabará cediendo

Ayer puse una publicación comentando algunas de las frases que más despertaron mi ira con respecto a unas opiniones que un confeso y orgulloso votante de derechas había hecho.

Medito mucho sobre las cosas que me dicen aunque esté en desacuerdo con ellas, así puedo reforzar mi opinión o al contrario, llegar a darme cuenta que estoy equivocada.

Hablando con un amigo y contándole todo esto, al final se me vino una anécdota que un profesor nos contó en la facultad. Esta viene a ser así:

 

Había una señora que tenía mucho ruido en su habitación por culpa del motor del ascensor del edificio, por ello contactó con un ingeniero para tener las medidas y cálculos necesarios para poder presentar denuncia a la comunidad para que lo arreglara.

Este fué, midió en la azotea al lado del motor, le dió X dB, “calculó” que si el techo estaba hecho de tal material absorbía tanto y que por ello, el ruido entraba dentro de las normativas y la señora no tenía motivos para quejarse.

La mujer no se quedó contenta, así que llamó a otro ingeniero (el que resultó ser mi profesor). Mi profesor, antes de ir a medir a la azotea lo primero que hizo fue algo que a muchos nos resultaría lógico: ir a la habitación de la señora y comprobar si es verdad que había ruido. No sólo se encontró con que el ruido era bastante fuerte y molesto, sino que además, de la vibración del motor, se habían formado grietas en el techo.

El problema de hoy en día es que los que están intentando arreglar las cosas son los que se encuentran en la azotea, creyendo que todo está bien hecho, que el motor se colocó donde debía hacerse, que los materiales fueron bien elegidos y que no hubo tongo en el momento de la construcción del edificio. Ellos están arriba mirando el paisaje y a gusto con el (para ellos) trabajo bien hecho. No se molestan en bajar a la vivienda, no necesitan saber cómo es la situación abajo, tienen los datos que creen necesitar.

Para ellos las cosas van bien, pero es que esa es la realidad, a ellos les va bien. No necesitan recordar que hay gente abajo pasándolo mal, mientras a ellos les siga yendo bien. Lo peor de todo es que el motor seguirá creando grietas hasta que un día el techo ceda… Se darán cuenta de la realidad y que el que se quejaba no lo hacía por gusto.

Pero ya será tarde, el techo se ha caído, a ellos no les ha pasado nada, pero el de abajo ha quedado completamente aplastado…

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